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El Reino de Dios es grande

29 de mayo de 2026 · 9 min de lectura

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El reino de Dios es grande


Lucas 17:21


Claro que sí, el reino de Dios es

grande. Nosotros lo hacemos crecer. Cada vez que usted evangeliza el reino

crece. Cada vez que usted discípula el reino crece. Cada vez que usted ora el

reino crece. Cada vez que usted hace algo para Dios, el reino crece. Entonces

hay que hacer algo para que el reino de Dios crezca.


Muchas veces viene la frustración porque no miramos los resultados que

nosotros queremos ver. Jonás estaba frustrado, confundido, y para ser honesto

estaba molesto. En otras palabras, estaba enojado con Dios. En esa condición se

puso a orar, y le dijo a Dios, yo he huido de tu presencia porque sabía que

eres un Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y grande en misericordia, y

que te arrepientes del mal. Al oír Dios sus palabras, le dijo: ¿Haces tu bien en

enojarte tanto? En respuesta a la queja de Jonás, Dios hizo una planta para

darle sombra del sol, solo para después mandar un gusano que dañara la planta y

se secara (Jonás 4:6-8).


Hace tiempo estaba acostado en la

cama y me hacía varias preguntas.


Text Box: 1.	¿Por qué Dios me haría esto? 
2.	¿Por qué permitiría esto? 
3.	¿Por qué Dios será tan cruel?


Simplemente a veces no lo entendemos. Hemos tenido crisis financieras y

han venido a golpear muy duro nuestro bolcillo. Confiábamos tanto en las

finanzas que me desocuparon del trabajo que tenía en el colegio. Estudiantes

que teníamos en la escuela ya no continuaron estudiando. Vinieron crisis en la

familia. La enfermedad de mi esposa, y la perdida de nuestro hijo de 15 años.


Por cierta razón algunas puertas se han cerrado para ministrar la

palabra de Dios. ¿Tendré yo la culpa? Quizá sí. Otras ni siquiera tengo la

idea. Sin embargo, una cosa sé, que Dios hace las cosas correctamente. Muchas

veces me he quedado enmudecido y no he podido hablar, porque si hablo, sé que

voy a cometer errores, y voy a decir cosas que no van en línea con la voluntad

de Dios. Antes batallaba para quedarme callado, pero he aprendido que, si no me

callo, Dios tomará el control de mi boca. No ha sido fácil, pero ha sido lo

mejor. (Lucas 1:20). Aquí encontramos algo que no es muy común entre

nosotros. Dios le dijo a Zacarias.Y ahora quedarás mudo y

no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis

palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo”. A veces Dios tiene que

intervenir en tu vida. Porque si no lo hace, cometerás un error que te afectará

toda la vida.


Para poder entender esto, es necesario que el Espíritu Santo nos meta en alguna historia de la palabra de Dios. Esto me llevó a recordar a Jesús y sus discípulos. Por

tres años estuvieron con Jesús. Lo conocieron personalmente. Sanaban los

enfermos. Resucitaban muertos. Expulsaban fuera demonios. Todos los días

experimentaban las asombrosas enseñanzas que Jesús daba a grandes multitudes.

Presenciaron milagros donde multitudes eran alimentadas sobrenaturalmente. Las

tormentas se calmaban con el sonido de su voz. Jesús lo hacía con propósito.

Estaban experimentando el destino como nunca lo habían soñado. Habían alcanzado

la meta y el propósito supremo de sus vidas. ¡Nacieron para vivir esta vida! Al

menos eso es lo que pensaban. De repente, un día el Señor los interrumpió y les

dijo estas palabras. “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya;

porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os

lo enviaré” (Juan 16:7). En otras palabras, les dijo que las cosas

asombrosas que estaban experimentando iban a parar. De hecho, seria de mucha

ventaja para ellos si todo se detuviera allí.


En ese momento. Jesús les presentó una realidad mucho más grande que la caja de ideas que ellos habían hecho hasta ese momento. El paradigma en el que vivían estaba

a punto de ser aplastado para mostrarles una ventaja que no podían ver desde

donde estaban en ese momento.


Claro, la vida que llevaban era tan buena a su manera de vivir. Pero Jesús rompió ese

paradigma. Allí había mucho más de lo que ellos pensaban. Su reacción inicial

fue olvidar rápidamente lo que acababan de oír. No querían que su experiencia

actual terminara. ¿Qué podría ser mejor? Entonces de repente, cuando menos

esperaban. Sucedió lo imposible. Jesús se fue como les había dicho. Pero

antes de eso, se encontraron, no en medio de una de las increíbles aventuras

del ministerio de Jesús, sino reunidos alrededor de “un cuerpo muerto”

que preparaban para la sepultura en casa de José de Arimatea. Después se reúnen

en una tumba donde Jesús había sido sepultado. Es curioso cómo funciona la

mente humana. Siempre atendemos a recurrir a lo que conocemos basándonos en

nuestras experiencias pasadas. La forma en que fuimos criados o las cosas que

nos enseñaron y la cultura en la que crecimos. Y eso es exactamente lo que

hicieron los discípulos. Regresaron a lo único que sabían que era correcto. Se

habían acostumbrado a la emoción del ministerio de Jesús.


Cuando el murió. Lo primero que hicieron fue estar cerca de él. Así que cuando murió, lo primero que hicieron fue reunirse como iglesia en un hogar, pero esta vez la tuvieron

alrededor de un cadáver. Se reunieron en una tumba con mirra, lino y perfume.

¿Qué más podían hacer? Recurrieron a lo que conocían, que era estar cerca de él,

dondequiera que estuviera. Y aunque estaba muerto, al menos el culto lo

hicieron oler bien con todos los tratamientos que le habían puesto al cuerpo. Supongo

que les dio una falsa sensación de logro religioso.


Luego después de tres días, incluso esa ilusión les fue arrebatada. Al menos dentro de su

paradigma lo fue. Todavía no lograban entender la ventaja de la que Jesús les

había dicho: ¡La ventaja de su partida! La verdad es que Jesús estaba vivo y

completamente bien. ¡Simplemente no podían verlo! Jesús existía fuera de su

realidad actual donde estaba tratando de llamar su atención para poder sacarlos

de la imitación que se habían construido a sí mismos. “Mientras ellos se

lamentaban sabiendo que Jesús había muerto, él se paseaba por las calles de

Jerusalén”. No porque el culto tenga buen olor, o porque veas que el culto está

bonito, o porque los creyentes lloran en el altar, eso indica que Dios está allí.

Quizá el Señor está paseándose por las calles de tu comunidad, y ni siquiera lo

sabes. “Muchas veces no se adora a un Dios que vive, sino a un cuerpo muerto”.

La iglesia es el cuerpo de Cristo, y muchas veces estamos adorando en esa atmósfera.

El cuerpo está muerto, porque su Espíritu no está ahí.


Mientras observo esta historia sucedió algo extraordinario. Fue como si mi propia historia de vida se superpusiera este escenario. Que estaba viendo desarrollarse justo

frente a mí. En cierto nivel experimenté lo que los discípulos debieron haber

experimentado a través de su crisis.


Al igual que los discípulos, había llegado a creer que lo que yo había definido como mi

ministerio hasta este momento era la vida que debería de vivir hasta el final.

Y al igual que los discípulos, no había logrado ver el (factor ventaja) que existía

más allá de mi realidad actual. Tan pronto como pude vislumbrar más allá de mis

limitaciones, una realidad que ni siquiera sabía que existía, escuché el sonido

de Su voz que decía. ¡Todo debe morir primero! Todavía puedo escuchar esas

palabras hoy con la misma claridad con la que las escuché la primera vez. En

ese momento me di cuenta de que, si realmente queremos experimentar la plenitud

de Su poder de resurrección, primero tenemos que experimentar su muerte. No

puedes resucitar al menos que mueras primero. ¡Es bastante simple, en realidad!

“En un instante volvía a la normalidad” y puedo explicarlo ahora. Ahora sé lo

que tengo que hacer a continuación.


  1. Siempre queda otra ventaja por descubrir.
  2. Una nueva forma de ver las mismas cosas.
  3. Una perspectiva superior.


“Esto suena fuerte, pero muchas veces Dios tiene que matar tu ministerio para que lo vuelva a resucitar y puedas experimentar lo que él quiere”. No tiene

sentido intentar mantener vivo algo que Dios ha declarado muerto. Esta es la

realidad. Dios tiene un factor de ventaja para cada uno de nosotros. Es una

realidad que ni siquiera puedes soñar o imaginar. Es algo que existe fuera de

nuestro paradigma actual, pero que él desea mostrarnos desesperadamente. Una

vez que vi esta ventaja para mi vida, me embarqué en un camino que des

construyó gran parte de mi sistema de creencias y gran parte de lo que había

definido como mi ministerio. No, no fue fácil, por decir lo menos. ¿Pero valió

la pena? ¡Absolutamente!


No estoy diciendo que haya llegado. El viaje está muy lejos de terminarse. En muchos

sentidos, apenas ha comenzado. Siempre hay algo nuevo que descubrir. Una nueva

forma de ver las cosas. Una perspectiva mas elevada. Podemos en nuestra mente y

espíritu perseguir estas ventajas y realidades como está de forma continua.


Algunos de estos cambios serán pequeños y aparentemente insignificanticos, pero otros cambiarán tu vida e impactarán una trayectoria larga en tu vida. ¿Pero como se hace eso? ¿Cómo se mira lo mismo a través de un par de ojos diferentes?


Amplia tu paradigma.


Albert Einstein dijo: “No podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que usamos cuando los creamos”. Estas son palabras profundas. Tendemos a buscar soluciones a los problemas dentro del contexto de nuestros paradigmas actuales, problemas que ni siquiera serian problemas si no fuera por paradigma en el que estamos.



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